El hispano-suizo Simón Gfeller se aupó con el bronce en Rovaniemi 150, una de las carreras invernales más duras del mundo. Nos cuenta, con todo lujo de detalles, su experiencia a través del Circulo Polar Ártico finlandés.

Un ultratrail invernal en círculo polar ártico, en Rovaniami, capital de Laponia. Esa carrera me llamó la atención desde que supe de ella; y más porque la organizan unos amigos. El mismo director de la carrera tiene años de experiencia en expediciones polares.

Este año quise ir a esa carrera. Estaba decidido a organizar viaje y material. Por razones más que obvias cuando se va a esos sitios, a esas competiciones invernales por el ártico hay que ir con buen material y un saco de dormir que cumple las exigencias de la organización para poder aguantar a la intemperie en caso de emergencia o en caso necesitar descansar en uno de los avituallamientos que suelen estar al aire libre. De hecho, cuando llegué a Rovaniemi dos días antes de comenzar la carrera estábamos a 25º grados bajo cero. Todo helado y nevado. Bastante frío hizo esos días, de verdad. Luego, en los días de la carrera, subió bastante la temperatura y ya no hizo tanto frío.

Nada mas llegar a Rovaniemi me fui directamente a la orilla del lago congelado que se encontraba a solo dos minutos del hotel. Ya eran las doce de la noche y yo tenía muchísimas ganas de ver auroras boreales y, con un cielo despejado, era un buen momento. Me alejé un poco de las luces de las farolas caminando hacia las afueras. ¡Y se veían perfectamente! Aparecían de repente, desaparecían y volvieron a aparecer de forma tan mágica y misteriosa. Estaba contento como un niño pequeño. Me puse a hacer fotos pero no salió nada bien. A la vuelta me encontré con Carlos, otro competidor, que había hecho fotos también con una buena cámara con trípode. Le salieron muy bien las fotos y me mandó amablemente algunas de ellas.

El día anterior a la carrera fui al briefing obligatorio. Control de material y saludar a amigos y conocidos de otras carreras como Goldsteig Ultrarace, The Spine Race o Tor des Geants.

El inicio y final de la competición se sitúa en la pequeña localidad de Rovaniemi, frente al museo Arkitum y al lado del puente Jätkänkynttilä, el puente más famoso y vistoso de esa modesta ciudad. Un recorrido circular de 150km con varios avituallamientos donde encontrar ÚNICAMENTE agua y fuego, ¡nada más! No existe avituallamiento sólido en toda la carrera. Todo cuánto necesitas de comida, material y ropa de abrigo te lo tienes que llevar encima. Es una carrera balizada y no es obligatorio llevar GPS, aunque yo llevaba el track guardado por si acaso.

La mañana prometía y salimos todos con muchas ganas. Existen 3 modalidades: a pie, Fat bike (bicicleta), o esquís. Casi todos los de a pie, llevamos una pulka -pequeño trineo ligero-en vez de una mochila para llevar el material. Un hombre puede arrastrar más peso que cargándolo. Además, las pulkas se deslizan muy bien por encima del hielo y nieve. En cambio, yo decidí ir solo con mochila. Eso significó que tenía ir al límite de peso, desprenderme de cualquier peso o material que probablemente no iba a necesitar para no hundirme demasiado en la nieve. ¿Quién te garantiza que material te va a hacer falta? ¡Nadie! Tu mismo decides, tu eres el que va a estar ahí expuesto a los elementos. Tu mismo decides si vas a llevar una chaqueta y un pantalón de más. A pesar de eso decidí llevarme las raquetas ultraligeras de competición. Me parecía acertada la decisión por la cantidad de nieve que, según la organización, iba a haber acumulado por algunos tramos del recorrido.

Los primeros 13km del recorrido atravesamos un lago congelado. Junto con competidores italianos y finlandeses nos abríamos camino entre los Fat Bikers, adelantándonos mútuamente sin dejar de disfrutar del paisaje ártico. El recorrido nos llevó por algunos bosques, algunas subidas hasta el Checkpoint 2. SINETTÄJÄRVI Km21. Ese sitio solamente era un punto de control donde había que firmar al pasar pero ahí no había nada más, ni agua ni fuego. ¡Adelante entonces!

Cruzamos el lago congelado de Sinettärvi. Nos hundimos un poco en la nieve a pesar de que el lago estaba totalmente helado. Costaba esfuerzo poder correr o avanzar con rapidez. Luego hubo unos tramos más rápidos, sobretodo cuando fuimos por carretera. Aunque también había nieve en la superfície pero no te hundías tanto y nuestros pasos eran más firmes. El tiempo nos respetó durante ese día: cielo más o menos despejado. Incluso pudimos disfrutar de algunas pocas horas de sol.

Antes de darme cuenta ya estaba en el Avituallamiento/Checkpoint 3. VITTAVAARA Km44. A reponer agua entonces y a seguir. Comía mientras avanzaba y para eso no me paraba todavía en los avituallamientos. Había adelantado mientras tanto a algunos corredores y todo marchaba bien. Me sentía cómodo con el ritmo que llevaba. Unas cuantas subidas y bajadas por bosques, senderos nevados y algunos tramos por carreteras heladas.

Avituallamiento/Checkpoint 4. MORAJÄRVI Km58
De camino de ese punto hacia el siguiente avituallamiento me perdí. Me perdí como un novato. ¡Qué rabia y que mosqueo conmigo mismo! Resulta que en la oscuridad de la noche vi un pequeño cartel con el logotipo de la carrera que indicaba girar a la derecha subiendo por el bosque. No vi ninguna luz de frontal ni delante ni detrás de mí. “Buen momento para apretar el paso para abrir distancia entre los perseguidores” -pensaba yo. El camino era lento por las subidas pero más por el terreno lleno de nieve. Yo no sospechaba nada raro porque veía huellas de neumáticos de los Fat Bikes en el suelo y eso me hacía creer de qué iba por el buen camino. Pero a unos 20min empezaba a dudar porque no veía ninguna luz de frontal de los que tenía, supuestamente, delante. No podía ser, no me podían sacar tanta ventaja. Saqué y encendí mi GPS y cuando vi en la pantalla mi ubicación y vi lo lejos que me encontraba del track casi me da un ataque al corazón. Corriendo volví por dónde había venido. ¡No me lo podía creer! Cuando volví al sitio donde estaba el cartel miré bien y me di cuenta de que yo, erróneamente, había seguido el camino por dónde pasaba otra modalidad de esa carrera. Habría perdido casi 45min por ese despiste mío. Cuando me incorporé en el camino correcto ya me habían alcanzado y adelantado algunos atletas. Ahora tocaba apretar para recuperar algo de tiempo perdido. Alcancé a un italiano y también me encontré a la pareja de Saara y Jarkko, dos atletas finlandeses que iban muy, pero muy rápidos. Llegamos juntos al Avituallamiento/Checkpoint 5. PEURAJÄRVI Km69

Me senté unos muy pocos minutos al lado del fuego que había ahí para calentarme y beber un poco de agua caliente para entrar en calor. En esos avituallamientos simplemente vas a encontrar un fuego y una lona/pequeña tienda, nada más. Nada de cabaña con calefacción, ni polideportivo, ni refugio de montaña. ¡Nada! Una lona tendida para ponerte debajo y ya está. Todo al estilo salvaje y autosuficiente. ¡Nada para frioleros! Los dos finlandeses salieron disparados del avituallamiento y yo unos instantes después. Saara, la chica, llevaba un ritmo impresionante y Jarkko, su pareja, esforzándose para no quedarse atrás. Un corredor italiano al que había adelantado anteriormente y que corría junto a mí desde entonces, me dijo que se había hecho daño y se paró. Le daba ánimo para seguir pero dijo que se había lesionado. Finalmente, abandonaría en el siguiente punto de control.

Avituallamiento/Checkpoint 6. KUUSILAMPI Km79. Llegué con la lengua fuera. La pareja de los finlandeses ya estaban ahí. Esos dos iban con pulka pero se notaba que tenían mucha experiencia en deportes invernales, deportes con trineo o esquí de fondo etc.
Ese avituallamiento era el único sitio donde había una minúscula cabaña con un fuego en el interior, quiero decir una cabaña de cuatro paredes con una puerta. Un lujo poder refugiarte unos pocos minutos ahí, reponer agua en el único bidón que llevaba encima, echar agua caliente en una bolsa con comida deshidratada antes de salir otra vez al frio de la noche ártica. La comida me la comí mientras caminaba/corría hacia el siguiente punto de control.

Desde ese punto hasta el siguiente avituallamiento hay 36Km sin ningún punto dónde encontrar cobijo ni agua. Y yo llevaba solamente un botellín de poco mas de medio litro de agua encima. Tuve que limitar muchísimo mi consumo de agua durante ese trayecto, comiendo mucha nieve para llegar al siguiente avituallamiento. Por suerte, durante unos 17km, se pasa por carretera helada más o menos corrible y así la distancia se hizo algo menos larga. En ese tramo intenté apretar el paso pero mis piernas ya pesaban. Resulta que en muchos tramos del recorrido la nieve era bastante blanda y eso hizo que avanzar nos costara cada vez más. La nieve era muy profunda y, en más que una ocasión, acabé hundiéndome ¡hasta casi la cadera!

Que alegría de llegar al Avituallamiento/Checkpoint 7. TOROMOKIVALO Km115. Ahí me senté un rato junto al fuego. Qué alegría entrar en calor estando cerca del fuego. Me preparé un café en tiempo récord (llevaba una bolsita con café soluble), eché agua caliente a una bolsa de pasta deshidratada y volví a salir. Al lado del fuego había tres Fat Bikers durmiendo en su saco de dormir. A bajo cero pero, ¡qué ganas de dormir unas horas junto al fuego! Salí lo antes posible porque estaba ya tiritando. Mi ropa térmica estaba cubierta por escarcha, por sudar y quedarse luego congelada en la superficie. ¡A correr! ¡A moverse rápido en el frío de la noche!

Hasta el siguiente Avituallamiento/Checkpoint 8. POROHOVI Km139 fueron otros 24Km. Ese tramo me costó mucho. No sé por qué pero me parecíó mas duro y más lento que el tramo anterior. También hay que tener en cuenta que las piernas y pies estaban ya castigados por la cantidad de nieve que había en prácticamente todo el recorrido. Esas carreras son muy distintas a cualquier ultratrail. Es otro mundo. En algunos tramos me puse las raquetas para no hundirme tanto y así dejar descansar un poco los pies y piernas.

Por Porohovi se pasa dos veces. Al comienzo y al final de la carrera. Desde ese sitio solamente quedaban 11km hasta la meta de Rovaniemi, que vislumbraba ya al fondo. Decidí llevar puestas las raquetas hasta la meta, disfrutando de esos últimos momentos de carrera a través del Círculo Polar Ártico. Era, más o menos, las 8 de la mañana y el cielo me regaló un maravilloso juego de colores. Inolvidable. Felicité a Saara y a Jarkko, la pareja finlandesa, que habían llegado hacía cuarenta minutos. Merecidísimos ganadores.